Todos tenemos el derecho de estar aquí
Columna publicada el domingo 22 de noviembre de 1998 en El San Juan StarA quienes nos preocupa la calidad del ambiente y detestamos la contaminación atmosférica nos sudaron las manos la semana pasada cuando se nos pronosticó que nuestro planeta Tierra iba a ser víctima de una recurrente lluvia de estrellas. Eso nos hizo recordar aquel episodio de 1938 de "Marte Invade la Tierra", programa radial de Orson Welles basado en la obra de H. G. Wells, "La Guerra entre los Mundos" que fue tan dramaticamente narrado que algunas personas que lo escuchaban sintieron pánico y se suicidaron. Ahora, sesenta años más tarde, nos advierten otra vez de que algo del espacio se nos viene encima.
Quizás el mejor recuento de lo que puede hacer un bólido sideral cuando choca con la Tierra es el de Richard Muller respecto a las grandes extinciones, tratado en su libro de 1988 "Nemesis, the Death Star." El y sus colaboradores, que incluyen a Louie y Walt Alvarez, postulan que meteoritos inmensos chocan con la tierra y provocan extinciones en masa, y que esas extinciones tienen una recurrencia de unos 26 millones de años. Uno de estos choques cósmicos provocó la extinción de los dinosaurios hace unos 65 millones de años, terminando así el gran Período Cretácico de los grandes reptiles. Un meteorito chocó con la Tierra con tal impacto que levantó nubes de polvo y humo que opacaron el sol, creando lo que Carl Sagan llamaría "invierno nuclear". A falta de luz solar se redujo la fotosíntesis, murió mucha vegetación, y murieron los dinosaurios vegetarianos, siguiéndole entonces sus depredadores carnívoros. ¡Vaya problema de contaminación atmosférica!
Tan recién como el 30 de junio de 1908, algo impactó el bosque de Tunguska, en Siberia, nivelando no menos de 3,000 kilómetros cuadrados de árboles, pero sin que se formara crater alguno. Algunos astrónomos todavía están preguntándose qué fué lo que pasó.
Lo cierto es que cada veinticuatro horas nos caen del cielo entre 55 y 100 toneladas de partículas del espacio: basura sideral. Se puede a veces satisfacer esta estadística con una sola pieza. Un meteorito que cayó cerca de Grootfontein en Namibia pesó 60 toneladas métricas. Luego está el Ahnighito, caido cerca de Cabo York, Groenlandia, con un peso de 31 toneladas métricas. Una tonelada métrica son mil kilos, o 2,200 libras. Usted no quiere que uno de éstos le caiga en el parabrisas de su auto.
Uno de estos bólidos pesados cayendo cerca de su casa puede formar un crater de 200 millas de diámetro, algo más que el tamaño de Puerto Rico. A propósito, los meteoritos pueden ser metálicos (hierro, niquel, cobalto y cromio: todos metales pesados) o pétreos (piedra de sílice), o combinaciones de metal y piedra. Todos entran a la Tierra en violación de los estándares de calidad de aire. ¿A quién se le ocurre incendiar abiertamente en la atmósfera entre 55 y 100 toneladas diarias de metales pesados? ¡Wow! ¿No se afecta la ecología?
Como ecólogo le puedo asegurar que la ecología nunca se afecta. La ecología es una ciencia. Estudia las relaciones entre organismos y ambiente. La ecología de un fuego en el bosque es que los árboles se quemen. La ecología del Huracán Georges es que los árboles se caigan, pierdan sus hojas, y que se pierdan tambien algunos nidos. La relación entre presa y depredador es que el gato se coma a la reinita. Los meteoritos matan dinosaurios. Eso es ley natural. La ecología ni siente, ni padece, ni establece pautas morales. La ecología las canta como las ve.
Somos nosotros los que nos enamoramos de algunos organismos y usamos la ecología como excusa para protegerlos, a veces en contra de las relaciones entre organismos y a veces contra la misma naturaleza. Pero tenemos que ser honestos. El afecto que sentimos por los manatíes y las cotorras no tiene nada que ver con la ecología; sólo con los manatíes y las cotorras. Cuando nos impactan meteoritos mayores y provocan extinciones en masa, como la de los dinosaurios, por ejemplo, eso es bueno. Es fuerza mayor. Como los volcanes, trerremotos, sequías, El Niño o La Niña. Podemos hacer nuestra propia selección natural. Es nuestra opción, pero no en beneficio de la ecología. Alguna gente come carne, otras no. Es bueno que podemos comer pescado, aunque no es bueno para el pescado.
Cuando observamos la naturaleza, la humanizamos. Cuando la naturaleza se sacude, algo se lastima. Cuando la naturaleza extingue especies, eso está bien. ¿Se radica una declaración de impacto ambiental cuando nos golpea un meteorito? No hace falta. Pero cuando somos nosotros los que hacemos una carretera con la mejor tecnología disponible, insultamos la ecología. Si hacemos un acueducto bajo los más estrictos estándares de calidad, estamos ultrajando nuestrros recursos de agua. Si hacemos generatrices nuevas con todos los cumplimientos de todos los permisos, profanamos la naturaleza. Si proponemos mejores plantas de tratamiento de aguas negras, afectamos el plancton. Si no hacemos nada de ésto, afectamos al hombre, amenazamos su salud, y degradamos su calidad de vida, pero eso sí se puede hacer. Mejor que sufra el hombre a que se perjudique la yerba marina. Vamos a traer al hombre de nuevo al ecosistema. Aceptemos que también somos parte de la de la naturaleza. Despuésde todo, tenemos tanto derecho de estar aquí como la yerba marina o los manatíes.