Nuestro analfabetismo ambiental
Columna publicada el domingo 18 de octubre de 1998 en El San Juan StarLa preocupación ambiental hoy día es deporte nacional, religión, promoción de mercadeo y dogma moral. Pero cuando se trata de enfocar sobre el ambiente de verdad, somos soberanos idiotas. Los ambientalistas nos quieren hacer creer que la naturaleza es como en Bambi o en Lion King, y que todo lo que es ambiental es bueno. El ambiente nunca nos puede hacer daño. Sólo nosotros le podemos hacer daño al ambiente. Huracanes, inundaciones, terremotos, volcanes, sequías, plagas, tormentas de fuego, tornados y hambrunas no son fenómenos naturales. Son todos resultado del mal manejo del hombre hacia la naturaleza. La culpa la tiene la quema de combustible fósil. O la revolución industrial. O el capitalismo consumerismo. O el complejo militar-industrial. O el Super-Acueducto. No, mi gente. El ambiente se puede portar tan mal como nosotros. También nos puede causar grave dolor y daño, como nos acaba de causar Georges.
¡Y bueno que nos pase! Ambientalmente somos unos lelos. ¿Por qué es que lo que se considera una vivienda adecuada tiene que ser tan drásticamente remendada a última hora para lograr que resista una tormenta? Si los huracanes son parte de la naturaleza en estas latitudes, ¿Por qué no construimos la vivienda con todos esos remiendos anti-huracán desde un principio?
Los españoles no conocían los huracanes en España, pero las casas que construían por acá eran a prueba de huracán. Aún las que tenían techos de zinc como decimos tenían el borde del techo dentro del parapeto superior, y no por encima de él. Así, cuando soplaba, el viento empujaba el techo hacia abajo, no hacia arriba. Análisis vectorial sencillo. Las ventanas interiores eran comúnmente de persianas y cristales, pero afuera había unas ventanotas macizas que se cerraban con una tranca o con un gran pestillo. Les llamaban tormenteras. No sé por qué. Cuando de niño visitaba mis parientes en el campo, conocí otra estructura también llamada tormentera. Tenía la forma de una caseta de campaña de ángulo angosto, sin verticales laterales, cuyos bordes inferiores del techo llegaban a estar enterrados en el suelo. La tormentera casi siempre estaba cerca de la letrina. Por si acaso.
¿Se fijó en los automóviles que tenían cinta adhesiva en los cristales para protegerlos? ¿Será eso tonto, o qué? Si ese carro no puede alcanzar 125 millas por hora en la carretera sin volar sus cristales, ¿Por qué llega a más de 125 mph en el velocímetro?
Pero, albricias, nuestro analfabetismo ambiental no se limita sólo a los desastres naturales. Veamos algunas de nuestras incongruencias ambientales. Yo me tengo que poner corbata para ir a trabajar, con camisa de manga larga y chaquetón, aún durante el verano, y a sólo 18° al norte del Ecuador. Entonces mis jefes, que me hacen vestirme así para ir a trabajar, tienen que proveerme condiciones favorables en el lugar de trabajo conforme a una ley federal que se llama OSHA. Por eso la oficina tiene un buen acondicionador de aire. A veces el sol entra por los cristales y calienta el lugar un poco, razón por la cual los cristales tuvieron que ser opacados con un tinte a manera de filtro de luz. Esto oscurece el sitio. Tenemos que prender las luces. Afuera el sol está brillando a reventar, pero nosotros adentro prendemos las luces. Afuera también hace brisa, pero adentro no se siente. Recuerde el aire acondicionado.
Ah, sí, y en casa. Tengo lavadora. También tengo secadora. Mi mamá y mi abuela secaban la ropa en un tendedero. El sol y la brisa hacían todo el trabajo. Pero a mi edad yo no me atrevo colgar mis calzoncillos de Playboy donde los vea el vecino, y por eso uso la secadora. Es eléctrica. Consume electricidad de la que se genera quemando combustible fósil y contaminando a Cataño. No, pero aquí, en el trópico, colgar la ropa al sol afuera jamás!
En cuanto a higiene personal, ¿Se imagina usted cuantas generaciones de puertorriqueños no se pueden bañar con agua a la temperatura del ambiente en Puerto Rico porque es muy fría? ¡Calentadores que también contaminan a Cataño! Lamento en insistir en ello, pero hay generaciones de puertorriqueños que no pueden dormir sin aire acondicionado. Esos delicaditos son los que mantuvieron las ruidosas plantitas eléctricas alborotando toda la noche después de Georges. Diagonalmente detrás de mi casa viven unos de esos. ¿No les da pena que ellos no puedan dormir sin aire? A ellos no les dió ninguna pena que yo no pudiera dormir con el alboroto de sus plantas. Me da pena con sus hijos, sin embargo. Nunca podrán ser Niños Escuchas y acampar a la intemperie de noche. En Campamento Guajataca no hay acondicionadores de aire.
¿Y qué de la gente que si se les daña el aire del carro lo estacionan y alquilan otro. No saben que las ventanas se pueden bajar con un botoncito en la puerta.
Algunos carecieron de agua después de la tormenta. Mi abuela no careció después de sus tormentas. Tenía un aljibe. Es el nombre árabe que se le da a un recipiente estructural que recogía y almacenaba aguas de lluvia del techo. Era parte de la vida de entonces. Hoy no están muy bien aceptados, porque pueden criar mosquitos que transmitan el dengue, aunque eso se puede corregir con una tela metálica
Después de Georges veremos un torrente de legislación para prohibir las alborotosas plantitas. La ley contra ruidos ya existe, pero no se hace cumplir. Los policías tendrían que cargar con metros contra ruido. Ojalá revisen el castigo. Los violadores debían ser obligados a dormir con las plantitas corriendo dentro de sus habitaciones. Intoxicados por monóxido de carbono, sería una pena de muerte humanitaria. También veremos un torrente de legislación para alterar los códigos de construcción para que nuestras viviendas sean resistentes al huracán a priori y no a posteriori. Ojalá. Ya era hora.
Pero no nos detengamos a revisar sólo códigos de construcción. Debíamos revisar los códigos de conducta social también. Aceptemos que los huracanes y otros desastres naturales son parte de la naturaleza en Puerto Rico, y diseñemos nuestras estructuras físicas y sociales para que resistan a pesar de ellos. Darwin le decía a esto adaptación natural. Ayuda a sobrevivir.