Consíganse un asunto real para fastidiar
Columna publicada el domingo 30 de septiembre de 1998 en El San Juan StarAquello de adoptar una canción ya no existe. Ya eso de que una pareja pueda decir con cariño que esa es "nuestra canción" terminó. Se acabó.
Esto habla muy mal de nuestros tiempos, pero o tenemos una carencia total de asuntos reales de qué preocuparnos, o tenemos una necesidad psicótica de inventarnos entuertos sólo como un monumento a nuestra imaginación litigiosa. Es lo único que se me ocurre para poder explicar el revuelo que se ha formado por si podemos o no podemos usar una canción en público, ante el gobernador Pedro Rosselló, en una actividad política o plebiscitaria. Wow!
Parece ser que la canción que cantó nuestro internacionalmente renombrado Ricky Martin en la serie mundial de balompié en París hace poco tiene algo en común con el PNP. Primero, el tema de la canción es el luchar por una estrella. OK. El PNP viene luchando por una estrella, la de la Estadidad, para que entre en la bandera americana como la de un estado más cuando alcancemos ese status. Así que, sí, el PNP lucha por una estrella, y de eso trata la canción. Segundo, la canción es pegajosa y su ritmo sirve para levantar el ánimo de la multitud. Pues nada, el Chayanne del PNP, Pedro Rosselló, dejó a un lado La Macarena y adoptó La Copa de la Vida.
Cambiando el tema, a mi me tocó una vez hacer el ridículo con La Macarena. Cuando nos encontrábamos en Chile en una de las delegaciones comerciales del Gobernador, en una noche de jolgorio alguien me preguntó que si yo sabía cantar La Macarena. En seguida acepté el reto, agarré el micrófono, y en mi mejor voz de Coro de la UPR entoné mi aria: "De noche cuando me acuesto le rezo a la Virgen de la Macarena." ¡Para qué fue aquello! Agrelot no lo hubiera hecho mejor. No hay que recalcar que yo era el mayorcito del grupo, y que La Macarena que escogí delataba mi época. Los más jóvenes como Jaime Morgan Stubbe no pudieron aguantar la risa.
Nada. Pensé que felicitarían a Pedro Rosselló por haber adoptado La Copa de la Vida como su canción de campaña. Por un lado, endosa a nuestra superestrella Ricky Martin. Esto complace a nuestra juventud. Además, le da un espaldarazo a nuestro compositor Robin "Draco" Rosa y sus colaboradores. Por otro lado, se escogió una canción lanzada en un evento deportivo mundial, y no el tema musical de una de esas novelas culebronas de dudosa solvencia moral.
Pues, ¿sabe qué? Le cayeron encima a Pedro. Según sus irremediables detractores políticos, Pedro no puede usar esa canción sin haber solicitado un permiso de "derecho de ejecución" que le conceda el autor, agente, gerente, dueño o accionista del tema. Dicen que lo van a demandar. Tiene que tener "derechos de ejecución" para usarla en actividades públicas. Pana, ¿es que somos mezquinos, o qué?
Si no podemos usar una canción públicamente sin "derechos de ejecución", todos vamos a ser demandados. Prepárense. No me estoy jactando de mis logros académicos, pero me he graduado varias veces. Recuerdo claramente mi graduación de Octavo, desfilando lentamente por el pasillo de la iglesia a los acordes de La Marcha Triunfal de Aida, tocada magistralmente al viejo órgano por Sister Georgine. Que yo sepa, nadie acusó al Colegio San Antonio de usar públicamente la Marcha Triunfal de Aida sin "derechos de ejecución" de los herederos de Verdi. También recuerdo mi graduación de Escuela Superior. Lo mismo. La misma marcha, el mismo pasillo, la misma iglesia, el mismo órgano y la misma organista. Y el mismo delito respecto a los "derechos de ejecución". Hasta en mi graduación de la UPR usaron la misma marcha con la misma violación. Y cuando demanden al Departamento de Educación por usar la marcha de Verdi en todas las graduaciones de todas las escuelas de todos los pueblos de la isla todos los años, los abogados se van a hacer millonarios. Nadie se ha quejado hasta la fecha, y menos Verdi.
Cuando me casé recuerdo estar nervioso en el altar mirando a mi novia acercarse por el pasillo a los acordes de la Marcha Nupcial de Wagner (el coro nupcial de Lohengrin) sin "derechos de ejecución". Luego, ya casados, desfilamos por el pasillo en dirección contraria al son de otra marcha nupcial, esta vez la de Mendelssohn, Sueño en Una Noche de Verano. También sin permiso. Cuando me demanden puedo declarar bajo juramento que he oído una o las dos marchas nupciales en todas las bodas que he cacheteado en todo el mundo. Confieso que nunca le pregunté a mis anfitriones si tenían o no "derechos de ejecución". Cuando me tocaron las bodas de mis dos hijas, por las cuales yo estaba pagando razón por la cual yo era definitivamente el promotor de la actividad usé ambas marchas. Sin permiso. Perdona, saee.
¿Y cuando viajamos? Cuando dos o más boricuas se encuentran en una barra fuera de Puerto Rico, inmediatamente jalan por sus himnos "nacionales" extraoficiales. En Mi Viejo San Juan es durante la primera botella, Lamento Borincano durante la segunda, y Verde Luz durante la tercera. Noel Estrada y Rafael Hernández ya no están con nosotros, pero estoy seguro de que sus obras tienen dueño. Que yo sepa nadie ha reclamado "derechos de ejecución" por haberlas cantado clandestinamente durante la bohemia. Antonio Cabán Vale, El Topo, sí sigue entre nosotros, pero parece no molestarse porque cantemos su canción en público sin permiso de él.
En los viejos tiempos, la víspera de año era la noche de escorrotarse llorando oyendo a Camilo Fraticheli recitar El Brindis del Bohemio. No creo que jamás tuviera permiso oficial para recitarlo en público. Después venía Auld Lang Syne, también en violación.
No, mi gente. Los puertorriqueños somos una raza contenta, cantante y bailante. Nacimos con un sentido de ritmo envidiable. Cantamos para todo, de una manera o de otra. No opaquen eso por politiquería. Consíganse un asunto real para fastidiar.