Anatomía comparada de Puerto Rico
Columna publicada el domingo 8 de agosto de 1999 en El San Juan Star

Si usted lee periódicos, escucha la radio, ve televisión y está al tanto de las discusiones de ping-pong de nuestros políticos, usted debe estar en un estado de depresión severa y profunda. Me atrevería recomendarle un excelente siquiatra. Sin embargo, si usted se monta en un avión y visita a uno de nuestros países vecinos hispanoparlantes, cobrará un interés muy especial en hacer comparaciones entre el país visitado y la isla en que vive. Para no generar muchas cartas en Puntos de Vista del Lector, me voy a abstener de mencionar los países por nombre.

Comencemos por la policía. Por el momento, nuestra policía está en aprietos por una o varias manzanas podridas, ya que hay la sospecha de que uno o varios agentes pudieran estar envueltos en la ejecución y el encubrimiento del cadáver de una joven mujer. Triste. Pero en términos generales nuestra policía es excelente y consiste de gente muy noble. En un país donde estuve, a los policías se les asocia con una fruta del color de sus uniformes y también se les llama "mordelones." Esto porque les gusta "morder" su cartera si usted es detenido por una infracción de tránsito, por ejemplo. Algunos residentes de allí, por aquello de agilizar el trámite procesal, tienen sus licencias de conductor envueltas en un billetito para facilitar la cuestión y que no sea tan conspicua.

Criticamos mucho a nuestra Junta de Planificación, pero yo he visto planificar mucho peor en otros sitios. No, nuestra JP no es perfecta, pero es mejor que las de muchos de nuestros vecinos.

¿Ha estado en nuestro aeropuerto? Yo he aterrizado en aeropuertos que dejan mucho que desear respecto al cuido de la pista, de la terminal, de los aviones, del pasajero, del equipaje y del modo en que se sale del aeropuerto.

Sin embargo, en algunas cosas no andamos muy bien. Quizás me equivoque, pero he sentido mayor respeto hacia mí y hacia otros en otros lugares. En un país fui testigo de un casi motín provocado por un pasajero, obviamente no de allí, que quiso colarse en la fila. Por poco lo matan.

En otro país vi cuando un hombre le arrebató la cartera a una mujer y salió corriendo. Todos los que vieron esto salieron a correr detrás de él, lo capturaron, lo tumbaron, le devolvieron la cartera a la dama, y la policía tuvo que venir a proteger al delincuente. Por poco lo linchan. ¡Qué pela!

Ah, y los taxis. Hay países donde no hay que poseer un vehículo. Usted sale a la calle y antes de cinco minutos tiene un taxi al frente, sin haberlo llamado.

Debemos estar agradecidos de nuestra falta de noticias. Lo que los medios relatan hoy es lo que el Amolao hizo con las Palmolives, cómo Hernández Mayoral le está cortando las patas a Acevedo Vilá, cómo Sila se niega de emular a Pesquera en mostrar sus planillas de contribución sobre ingresos, cómo David Rosa se niega a abandonar la poltrona del alcalde de Toa Alta, y, desde luego, Vieques. Aparte de Vieques, casi todo lo demás es anecdótico. En otros sitios las noticias frecuentemente son mas serias, más patéticas, más mordientes, y de mayor trascendencia.

En cuanto a educación, hay que destacar dos cosas: nuestro dominio del inglés relativo al de ellos, y el conocimiento general de ellos relativo a nosotros. Nosotros no le prestamos mucha atención a lo que pasa en otros países que no sea los Estados Unidos. Ellos dominan mejor la geografía, tienen mejor conocimiento de líderes nacionales y de la historia mundial. Casi ninguno domina el inglés como nosotros, pero en muchos lugares hablan mejor el español.

Nos encerramos en el microcosmos puertorriqueño y nos parece que el resto del mundo no existe. A veces conviene hacer comparaciones. Al hacerlas, descubrimos que no son los nuestros los únicos problemas de la humanidad, que no son insalvables, y que nuestros políticos no son tan malos. Todavía ésta es una isla bajo el sol.

Pero con muchos isleños, desde luego.

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Dr. Máximo Cerame-Vivas
mjcerame@mjcv.com
Updated: 9/30/2002