Quizás debamos comenzar a mirar hacia la mar
Columna publicada el domingo 18 de julio de 1999 en El San Juan Star"Si yo tuviera " es nuestro más frecuente suspiro. Si yo tuviera menos desempleo. Si yo tuviera una ventaja económica, un arma tecnológica, un recurso comercial envidiable, una fuente de empleo compatible con nuestra naturaleza isleña o mejor, incrementada por nuestra naturaleza isleña. Si yo tuviera algo de dimensión hemisférica que me garantizara una ventaja competitiva en este lado del mundo. Si yo tuviera financiamiento externo, de salida, para lograrlo. No tendría que rascarme un bolsillo para llenarme el otro.
Pues, ¿sabe qué? Un megapuerto para el transbordo de carga marítima podría lograrme todo eso, y más. Con embarques computarizados, con bar coding, con referencia geográfica basada en satélites de navegación, y con referencia instantánea de los embarques disponible en el internet.
Esto de los megapuertos para el transbordo de mercancía tiene sus orígenes históricos en los titanes mundiales de la transportación marítima, mas en una buena dosis de la más alta tecnología moderna. No, no es asunto monopolístico. Es Darwiniano. Los aptos serán más aptos, los ineptos desaparecerán. Por razones históricas en las que no voy a entrar, dos naciones de vasta tradición comercial marítima saltan a la vista: los ingleses y los holandeses. Por muchas razones, estas dos naciones marcan el compás del comercio marítimo mundial.
Los holandeses han sido los anfitriones recientes de nuestro más alto cuerpo gubernamental, durante la visita de éstos a un megapuerto de la más avanzada tecnología en Holanda. ¡Claro que nuestros funcionarios quedaron impresionados! ¡Cualquiera! ¡Wow! ¿Podríamos tener algo así allá en Borinquen? Sí, claro que Puerto Rico podría. La destreza está dispopnible. El deseo no, la necesidad de tener uno en este hemisferio está allí. El financiamiento está disponible. ¿Por qué no lograrlo?
¡Ah! Por la resistencia burocrática del proceso permisológico, por la resistencia cultural a las cosas grandes que no nos inventamos nosotros, y por la oportunidad única de montar un circo noticioso de resistir oponernos a un proyecto muy visible de una infraestructura también muy visible. Todo esto es un campo minado para el desarrollo de cualquier proyecto positivo.
Puerto Rico ya posee un gigante hemisférico, aunque de dudosa reputación. Poseemos el trámite de permisos más complejo de las Américas. Aquí cualquiera detiene cualquier proyecto. Demandar para parar proyectos es deporte. Si no lo cree, mire al trámite de rigor. Hay que lograr la friolera de ciento ocho permisos. Hay expertos que se vanaglorian en celar el trámite a expensas de descarrilar los proyectos más deseados y más beneficiosos. No es si le salvó la vida al paciente. Es si se la salvó conforme al trámite de rigor. Si no, mejor que lo hubiese dejado morir.
Los opositores a los proyectos salen hasta en la sopa, blandiendo razones ambientales, políticas, por deporte o capricho, buscando titulares, y más recientemente torpedeando proyectos rivales. Si a mi no me aprobaron el proyecto mío, yo subvenciono la oposición al proyecto que te aprobaron a tí. Es como el perro del hortelano, que aunque no come vegetales, tampoco permite que los vegetarianos se acerquen a la hortaliza.
Este es un campo muy competido. Un megapuerto de transbordo es una joya codiciada. En este tajureo, el éxito lo determina la "ventana de oportunidad." Por si se le ha olvidado, la "ventana de oportunidad" es el período de tiempo que usted tiene para lograr algo. Si no lo logró en ese lapso, olvídese. ¿Lo lograremos dentro de nuestra "ventana", o veremos al megapuerto desarrollarse en una isla vecina?
Claro, tal megapuerto no puede desarrollarse en San Juan. Eliminaría de allí todo el tráfico de cruceros turísticos y afectaría un paraje tan favorecido con encantos históricos que tanto atrae al visitante. No. Tiene que desarrollarse en algún otro punto de la isla, donde haya grandes tramos de terreno disponible junto al mar. Requerirá la construcción de un puerto quizás artificial, con grandes rompeolas y donde se hagan dragados sustanciales. Sí, claro. Más permisos. ¡Suerte!
Puerto Rico es una isla que tradicionalmente le ha dado la espalda al mar. Siempre hemos mirado tierra adentro y nuestro personaje típico es el jíbaro de la montaña, no el pescador ni el marinero. Siempre le hemos tenido miedo al mar. Del mar vienen las tormentas, del mar vienen los invasores, y si nos bañamos en el mar nos come un tiburón. "¡Que nos salga por la ducha!", decimos.
Quizás ya sea hora de descubrir que el mar nos rodea inexorablemente. Quizás debamos empezar a mirar hacia el mar. Quizás debamos agilizar nuestro trámite permisológico para lograr proyectos dentro de las ventanas de oportunidades que se nos brindan.
Si no, es posible que lleguemos a un Pare, y allí nos muramos de hambre.