Agua que no vas a beber déjala correr
Columna publicada el domingo 21 de junio de 1998 en El San Juan Star

El hombre,... si, y también la mujer..., necesita agua. Como todo en la naturaleza. Pocos comprenden el verdadero valor y la magia del agua. De todo el Sistema solar, sólo aquí en la Tierra tenemos agua en todas sus fases físicas simultaneamente. Sólo aquí tenemos hielo, agua y vapor juntos en la naturaleza. El mar, por ejemplo, es un regalo tan preciado que sólo aquí Dios nos lo ha dado. Aunque nuestros mares cubren el 70% de la faz del planeta, contienen el 97.5% de toda el agua disponible. Pero, contaminada con sal. Buena para los manatíes, pero no para nosotros, según las Normas de Calidad de Agua de la EPA. No es potable. No nos podemos beber el 97.5% del agua que hay allá afuera.

Puerto Rico es una isla pequeña. No tiene ni glaciales, ni témpanos costeros, ni sierras con picos nevados. Sólo tiene un montón de gente: la densidad poblacional más alta del hemisferio después de la de Barbados. Puerto Rico ha venido tratando de resolver sus problemas de agua muy diligentemente, pero no ha podido. Grupos ambientalistas y los tribunales –aun el Tribunal Supremo– se oponen a que podamos resolver los problemas de agua. ¿Es que el problema tiene solución, o es que la solución –por ser de la administración actual– es el problema? Vamos a jugar aritmética dura. Saque su calculadora.

Una medida que frecuentemente se usa para calcular volúmenes de agua es el acre pulgada. Es, sencillamente, el agua que usted puede retener en una palangana del tamaño de un acre y de una pulgada de profundidad. Esta palangana contiene 27,154 galones de agua, o un acre pulgada. Si mide a Puerto Rico, nuestro tamaño es de unas 2,215,090 acres. Si cae una pulgada de lluvia sobre todas esas acres, y si pudiéramos retener toda el agua antes de que se evapore o escurra al mar, tendríamos 27,154 galones multiplicados por 2,215,090 acres, o 60,148,553,860 galones de agua. Éso si la pudiéramos almacenar y retener.

Pero afortunadamente nos cae más de una pulgada de lluvia al año. Gracias a Dios, nuestra precipitación anual promedio es de unas 75 pulgadas de lluvia. Si multiplicamos entonces todos los galones en todos esos acres por 75, estaríamos calculando nuestro recurso potencial pluvial anual: nada menos que 4,511,141,539,500 galones. Redondee a 4.5 trillones de galones. Este es nuestro recurso potencial. Como dijimos, si lo pudiéramos retener antes de que se escurra al mar o se evapore. Y antes de que las plantas y árboles se lo chupen y lo evapotranspiren a la atmósfera.

Si dividimos el recurso pluvial anual entre 365, obtendríamos el volumen de precipitación diaria promedio, o 12,359,291,889 galones. Si por arte de magia pudiéramos construir un embudo del tamaño de Puerto Rico, capturar toda la lluvia de un día, y vaciarla en un lago, solo Toa Vaca, Cerrillos y Caonillas tienen la capacidad de diseño para almacenar la lluvia de un día sobre toda la isla. Dos Bocas se llenaría en 19 horas y Carraizo en quince.

Veamos ahora las demandas que le imponemos a ese recurso agua. El censo nos dice que en 1996 la población de Puerto Rico era de 3,782,862 habitantes. Tomando un valor arbitrario, digamos que cada uno de nosotros consume 70 galones de agua diarios (g/d). Nadie se bebe 70 galones, pero vaciamos inodoros, nos bañamos, lavamos el carro, regamos la grama, lavamos ropa, cocinamos, etc. Setenta galones diarios es el estándar común de algunos manuales. Si multiplicamos la población de 1996 por los 70 galones diarios, nuestra población consume 264,800,340 galones cada día. Si multiplicamos eso por 365, nuestro consumo anual de agua sería de 96,652,124,100 galones. Redondee a 96.6 billones de galones.

Ahora hagamos el cómputo que jamaquea. Dividamos el recurso potencial anual entre el consumo anual. Descubrimos entonces que nuestro recurso potencial es 46 veces mayor que nuestro consumo. Nos debíamos estar ahogando. Tenemos potencialmente 46 veces el agua que necesitamos. Aún si doblamos el consumo per cápita a 140 g/d (Acueductos frecuentemente usa 100 g/d como consumo promedio, o 400 galones diarios por unidad de vivienda de 4 personas), todavía tendríamos 23 veces el agua que necesitamos.

Pero cuando falla una compuerta en Carraizo y el nivel baja unos metros, tenemos una crisis "nacional". Se avecina el fin del mundo. Si Guajataca baja demasiado, hay racionamiento severo. Apocalíptico. Aún con un recurso potencial de agua más que generoso y holgado, no se nos permiten las obras para aprovecharlo.

¿Qué pasó con arreglar, remediar y resolver? ¿Qué pasó con tecnología, con saber, con hacer las cosas bien de vez en cuando? ¿Que pasó con todas esas destrezas que nuestros ingenieros adquieren en Mayagüez?

¿Dónde es que tenemos más agua? Al sur de Arecibo. ¿Dónde tenemos más consumidores? En la megalópolis de San Juan. Pues entonces llevémos agua del sur de Arecibo a la megalópolis de San Juan. Eso le resuelve el problema a la megalópolis, y ya volverá a llover.

Pero no se puede. Los ambientalistas y los tribunales –aún el Tribunal Supremo– no están de acuerdo con el supertubo. El jefe del Supremo sigue buscando los votos judiciales para mandar a demoler el tubo ya construído.

Si el Tribunal Supremo ordena demoler el supertubo, el Tribunal tiene que radicar una Declaración de Impacto Ambiental. ¿Por qué? Porque una órden de demoler el supertubo es una acción gubernamental mayor, y por ley requiere una DIA. Porque destruir tiene un impacto ambiental mayor que construir. Porque ningún vertedero tiene la capacidad para recibir los escombros de demolición resultantes de esa destrucción. Porque un nuevo vertedero para los escombros requiere una Consulta de Ubicación , unos permisos y una DIA. Y porque la alternativa de destruir y demorar una infraestructura imprescindible va a causar daño a la calidad de vida de todos los residentes de Puerto Rico.

Si el Tribunal Supremo viene de veras obligado a obedecer la ley, jaque mate, Juez. Déjenos ver su DIA.

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Dr. Máximo Cerame-Vivas
mjcerame@mjcv.com
Updated: 9/30/2002