Somos culpables por la falta de Granados
Columna publicada el domingo 20 de junio de 1999 en El San Juan Star

La política y las elecciones son los principales deportes nacionales de Puerto Rico. Se gasta más tinta, video y tiempo radial en nuestras figuras políticas que en los valores positivos del resto de nuestra sociedad. El chisme político es mejor noticia que el ambiente, excepto cuando el ambiente también se convierte en chisme político. Nuestras figuras políticas son mas famosas –o infames– que nuestra farándula. El ser político se ha convertido en una carrera para algunos, y en una dinastía para otros. Se sigue insistiendo en que en nuestro sistema de derecho y democracia, todo el que se quiera lanzar al ruedo político puede hacerlo, pero eso no es enteramente cierto. El que se quiera lanzar, que se tire, siempre y cuando tenga suficiente dinero para la campaña.

El hacer campaña es duro. Recuerdo una campaña que Luis Muñoz Marín fundamentó en café negro. Sí, en café puya. Muñoz se dedicó a visitar a nuestro jíbaro en la montaña y a hacer campaña bebiendo café puya con ellos. Salió electo. El café lo ponía el jíbaro, no Muñoz. Claro, el café no era muy caro. Y entonces no existía la televisión.

Campañas más costosas envolvían zapatos. Sí, zapatos. Zapatos eran más caros que el café y un par de zapatos le compraba a un candidato un voto. Alguna de nuestra gente no poseía zapatos en aquella época. En campañas más recientes, se han comprado votos con neveras. Una nevera le compraba a un candidato todos los votos de esa familia. Las neveras eran mas caras que los zapatos.

Hoy hay que comprar votos con todo lo anterior, y con más. Hoy hay que proyectar la imagen del candidato en campañas publicitarias que cuestan millones de dólares. Sí, hoy hay televisión. Y más estaciones de radio y más periódicos, y camiones de sonido, y rabos de aviones, y pegadizos para el parachoques, y pegadizos de todo tipo, y afiches con separación en cuatro colores, y avanzadas, y camisetas impresas, y "brochures" con separación en cuatro colores, y chucherías para regalar, y "kits" de campaña para dejar entre los votantes. La tenue raya entre lo que es campaña política y lo que es mercadeo ha desaparecido. Hoy la campaña es sólo mercadeo y publicidad, ambos costosísimos. Siendo costosos, requieren una sobredosis de chavos si es que se quiere elegir al candidato.

Tanto así que en el equipo de respaldo al candidato, lo más importante es el comité de finanzas. No el de plataforma, ni el de estrategia política, ni el de proyectos legislativos. No. El de los chavos. Y esto no ha variado mucho en los últimos cincuenta años.

Todos hemos visto a simpatizantes de los partidos –de todos los colores– con sus banderitas y sus latitas en el semáforo pidiendo chavos. Todos hemos visto radio- o tele-maratones para cualquiera de los partidos, pidiendo chavos. Todos hemos sido invitados a "fund-raisers" de diferentes magnitudes y costos, pidiendo chavos. Ah! Y si no aportas chavos, eres desleal al candidato y al partido.

Los chavos para la publicidad y el mercadeo son tan importantes que se han convertido en condición calificadora. Si tienes chavos, corre. Si no tienes chavos, no corras. Un candidato a alcalde de San Juan, figura desconocida en la política, está confiado de que va a salir electo porque tiene tres millones para la campaña, cantidad que él está seguro que su contrincante no podrá levantar.

Hoy José Granados Navedo está embarrado porque admitió haber recibido una caja llena de chavos de una persona envuelta en el infame caso del Instituto del SIDA. Quizás el crimen de Granados fue el recibir chavos en una caja, mientras que los otros candidatos los reciben en sobres. Quizás fue que su caja tenía más chavos que las otras. Quizás su crimen fue que él la aceptara él mismo. Sé de candidatos que nunca aceptan nada. "Gracias. Pero no me lo entregues a mí. Entrégaselo a él, mi jefe de finanzas." Quizás el crimen fue tener tanto éxito en levantar fondos.

No estoy exculpando a Granados. Sólo pido que aquel candidato que no tenga el pecado de recibir chavos para su campaña, que tire la primera piedra, y que no venga con el tecnicismo de que él nunca acepta nada y que sólo su jefe de finanzas lo acepta. El no toca chavos.

Todos somos culpables por la falta de Granados, porque todos hemos caido en la trampa de campañas políticas que nada tienen que ver con los méritos del candidato. Todos estamos enfrascados en campañas políticas publicitarias. Todos respaldamos campañas que no son otra cosa que certámenes de popularidad y de belleza.

La solución a esto es exquisitamente sencilla, pero nadie la quiere aceptar. Ni los medios, ni los candidatos, ni los partidos, ni nosotros. Haga la prueba. ¿Por qué no restringimos el período de campaña a una semana antes de las elecciones? ¿Por qué no restringimos los gastos de publicidad a mil dólares por candidato? ¿Por qué los medios no dan tiempo y espacio igual a todos los candidatos, gratis, durante esa semana de campaña?

Acá escucho las carcajadas.

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Dr. Máximo Cerame-Vivas
mjcerame@mjcv.com
Updated: 9/30/2002