Viagra y las especies en peligro de extinción
Columna publicada el domingo 7 de junio de 1998 en El San Juan StarLo más importante para el ego del hombre Homo machus es su habilidad de poder copular. Esto, desde luego, requiere un equipo muy confiable. Para el hombre, su equipo es su Departamento de Recursos Naturales. Y otras agencias también. Puede servir como parte de su Acueductos y Alcantarillados. Si se es muy vigoroso, puede ser su Autoridad de Energía. Y si al tipo le gusta divertirse, puede ser también su Departamento de Parques y Recreos. Pero dos parámetros le dan valor añadido a su recurso: (1) su tamaño, y (2) su disponibilidad para ser útil, espontáneo y confiable. Sin embargo, como no vivimos en un mundo perfecto, este recurso a veces falla.
En nuestra cultura machista, folklore y brujería han inventado protocolos para garantizar la función masculina. Cuando yo me criaba se decía que el consumir ostras garantizaba el éxito. Pero nuestra ostra no es tan gran cosa. Su nombre científico es Crassostrea rhizophorae, lo de rhizophorae porque se encuentra en las raices de Rhizophora, el Mangle Rojo. Cuando se divulgó que este bivalvo surtía tal efecto sobre el herraje masculino, tropeles de visitantes varones de San Juan venían a La Parguera y a Boquerón a comer ostras mientras sus esposas, ignorantes del negro y aterrante destino que les acechaba, compraban inocentemente en un centro comercial de la región.
Los faltos de... espíritu consumían ostras por docenas, las que le compraban a pescadores que las vendían sobre una rústica mesa puesta al sol en aceras, calles o carreteras. La ostra se traga entera y viva. Si usted conoce su anatomía interna, puede notar su corazón latiendo cuando las abre. Un poco de limón ayuda. Y para los débiles de corazón, un palo de ron disipa la a veces asqueante imagen de un molusco amorfo en una concha sucia. Este era el precio a pagar por el vil deseo de fortaleza para un vaciloncito productivo.
La demanda deCrassostrea rhizophorae fue tanta en el suroeste de Puerto Rico que el Servicio de Pesca y Vida Silvestre de los EE. UU. (USF&WS, por sus siglas en inglés) la declaró especie amenazada al borde del exterminio. Declaró además a los moteles habitáculos críticos para la ostra. Un amago de cólera ayudó a salvar la ostra y a restaurar sus poblaciones naturales. Pero entonces se le adjudicaron al carrucho Strombus gigas los mismos dotes de la ostra. Todavía se ven en Icacos, Caja de Muertos, y otras islas vecinas los montones de caruchos perforados que pagaron con sus vidas el apetito carnal de nuestros blandengues machos.
Entonces álguien importó Crassostrea virginica de las Carolinas y del Golfo de México, lo cual le quitó la presión sin doble sentido alguno a nuestra ostra y al carrucho. C. virginica, siendo americana, era, desde luego, más grande y más atractiva. Pero quien pensó que una ostra más grande brindaría un recurso o un deleite mayor sufrió una gran decepción. No todo lo que brilla es oro, y no hay una relación directa entre el tamaño de la ostra y el tamaño de su... esperanza.
Otro organismo marino al que se le adscribieron dotes de dar fortaleza a... la moral masculina fue el carey Eretmochelys imbricata. Claro, los hombres no tenían que tragarse al carey entero. Es más, no tenían ni que comer grandes filetes de carey. No es su carne lo que fortalece. Peor aún, no todos los careyes fortalecen. Sólo los machos. Un carey asomándose flotando sobre las olas no da indicio de su género. No es fácil distinguir al macho de la hembra a menos que se examinen muy de cerca. Son un tanto tímidos en cuanto a anunciarse. Debido a esto, muchos careyes fueron masacrados en vano. La magia de potencia se le atribuye al pene del carey macho, y las hembras no traen. El órgano masculino del carey se vendía por mucho más de lo que vale su carne. Si usted cree que el F&WS declaró al carey especie amenazada porque lo masacraban para obtener sus filetes, se equivoca.
Entonces vino la peor amenaza de extinción de todas. Homo machus se convirtió en especie amenazada. La amenaza de H. machus vino no a causa de los capitalistas yanquis blandiendo empresas multinacionales, ni por causa del Proyecto Coquí II de NASA en Tortuguero, ni por los proyectistas que destruyen manglares vírgenes para construir hoteles sin vírgenes. No. La amenaza de Homo machus vino por la evolución de su competidora, Homo feminus, la cual originalmente había sido su complemento. Antes salían, gozaban y se reproducían en más de uno o del otro, y todo andaba bien siempre y cuando que H. machus llevara la voz cantante.
Pero surgió que H. feminus le fue ganando a H. machus a las millas evolutivas. H. feminus pronto dio origen a una subespecie, H. feminus assertivus, contra quien H. machus no podía lidiar. H. f. assertivus empezó a ocupar profesiones, posiciones, puestos ejecutivos, y a la larga se inventó un patrón de cortejo que dependía de sus propios atributos algo como el cortejo que había desplegado H. machus durante siglos. Pero siempre que H. f. assertivus tomaba la iniciativa y confrontaba a H. machus en los términos de ella, a H. machus se le caía algo. Se le bajaba... la moral. H. machus estaba destinado a una blanda extinción.
Hasta que llegó Viagra. Y, Wow! La pildorita de Pfizer se convirtió en el Plan de Recuperación de Especie para H. machus, quien ahora puede ser tan asertivo como H. f. assertivus. Durante horas enteras. Es más, hasta durante ocho horas sólidas sin doble sentido tampoco si el Viagra se le desboca.
El negocio de los moteles ha vuelto a resurgir, y también, lamentablemente, el de los abogados de divorcios. Incontables mujeres han radicado querellas de divorcio porque sus maridos les han quitado el sustento. No que les hayan dejado de pagar la renta, ni el colmado, ni las cuentas. Simplemente, que no han podido costear las pildoritas de Viagra.
Pero, aparte de todo ésto, las especies marinas le tienen una profunda deuda de agradecimiento a Viagra.