Mi perspectiva de cómo es un gobernador
Columna publicada el domingo 6 de junio de 1999 en El San Juan Star

Otra vez en la historia, desde que los gobernadores de nuestra isla eran designados por el presidente de los Estados Unidos, Puerto Rico habrá de tener un gobernador inmune al trajín re-eleccionario del vaivén político-partidista. Un gobernador cuyo único propósito, mandato, deseo y afán será gobernar y administrar bien, sin tener que preocuparse de si su gestión le es simpática al vulgo, o si le gana votos de la base del partido o de los realengos que siempre deciden nuestras elecciones, para volver a ocupar su cargo. Tugutubitrú. Lástima que sea sólo por dieciocho meses. Ojalá fuera por dieciocho años. El médico cirujano pediátrico Pedro Rosselló González sienta, con su decisión de no aspirar a un tercer término en la gobernación, un precedente y un ejemplo. También destapó una olla de grillos.

En Puerto Rico, nadie que quiera ser gobernador debe ser gobernador. Es más, hay que ser algo de masoquista para aspirar a la gobernación en un país donde nuestra falta de responsabilidad individual y colectiva siempre busca echarle la culpa a otro por lo que no nos sale bien, o por los antojos que no se nos dan. Si en una escuela pública hay un inodoro tapado, la culpa es del gobernador. No del conserje ni de la principal, sino del gobernador. Si durante un huracán se cae un puente o se derrumba una carretera, la culpa es del gobernador. Si hay un cierre de fábrica, la culpa es del gobernador. Si hay un tiritápate en la UPR y la policía tiene que intervenir contra el alboroto de los intelectualoides que entienden que los derechos civiles son derechos suyos para fastidiar a otros, la culpa es del gobernador. Si la guagua no pasa a tiempo y pierdo el jolgorio con la chamaquita, la culpa es del gobernador. Si el negocio de privatizar un recurso corporativo no le agrada a un líder sindical y este arma una huelga/rebulú tipo circo noticioso, la culpa es del gobernador. Ah, se me olvidaba: si el gobernador no desnuda su espalda y la expone graciosa y voluntariamente a los latigazos de los reporteros hostiles, y si no sonríe mientras lo flagelan, el gobernador es arrogante y antipático. ¡No jorobe!

Cuando se analice su obra con frialdad objetiva, la historia dirá que Pedro Rosselló González ha servido a Puerto Rico mejor que ninguno otro hasta el momento. Y si Pedro todavía está vivo cuando se llegue a esa conclusión, esa habrá sido su única recompensa.

¿Y ahora, qué va a suceder en el Partido Nuevo Progresista? Ahora, a río revuelto, ganancia de pescadores y paraíso de oportunistas. Primero, el PNP tendrá que atender a los "brokers" del poder dentro del PNP; los que escogen y quitan y ponen. Esos son los más importantes. Segundo, habrá que atender a los círculos de intereses especiales dentro y fuera del PNP. Sí, fuera también, ya que esos intereses casi nunca le tiene lealtad ni a un partido ni a otro; les son leales sólo al interés. Tercero, habrá que decidir si se reenfatiza o no el ideal del PNP, si es que eso todavía es importante. Para los que lo hayan olvidado, el ideal del PNP era descolonizar a Puerto Rico y darle igualdad política a los puertorriqueños mediante la estadidad federada. Y, por último, lo menos importante, habrá que atender al electorado de base del PNP, que votará con lealtad y disciplina de partido por el candidato que se le escoja, y también al electorado general fuera del PNP. Sí, fuera del PNP, ya que en Puerto Rico las elecciones las decide el electorado flotante o realengo, dado que ninguno de los dos principales partidos goza de más de 45% del electorado general. Aquí hoy ningún partido gana elecciones solo con su feligresía.

¿Quién es el candidato ideal? El candidato ideal es el que pueda tranquilizar a todos los sectores dentro (y fuera) del PNP ya mencionados, y que, además de ello, también pueda ganar las elecciones. Desgraciadamente, en un país tan politizado y electorero como Puerto Rico, los atributos que adornen a un buen gobernador no necesariamente son los atributos que gana votos en la campaña eleccionaria.

Un buen gobernador debe ser técnicamente hábil, vertical, honesto, líder incuestionable, justo, buen administrador y con buena experiencia administrativa, visionario, valiente, diplomático, moralmente correcto y con un historial personal y profesional impresionante y limpio.

Del otro lado, un buen candidato de campaña que gane votos debe ser "sexy", bien parecido, de fácil palabra, de voz vibrante, dramático, simpático, bello y cariñoso ante los medios noticiosos, de buena proyección pública, ágil malabarista de "issues", imán de recursos económicos, político astuto, bueno en la tribuna, e incansable en la campaña. En fin, un Supermán.

Y entre los candidatos potenciales, el que más se parece a Clark Kent es...

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Dr. Máximo Cerame-Vivas
mjcerame@mjcv.com
Updated: 9/30/2002