No se quejen de campañas sucias
Columna publicada el domingo 28 de febrero de 1999 en El San Juan StarAlgunas de nuestras figuras políticas están firmemente convencidas de que su patrón de conducta obligado, requerido y esperado reclama que siempre estén prestos a insultar a su contrincante al instante. Quizás piensan que nosotros, el resto de los mortales, nos sentiríamos defraudados y traicionados si nuestros políticos no estuvieran siempre haciendo despliegue de sus dotes especiales para ataques de acometimiento y agresión verbal; para blandir sus lenguas de latigantes siempre prestas al ataque; o para confrontar al enemigo en duelos verbales hasta las últimas consecuencias. Aun nuestras figuras políticas femeninas a veces demuestran una compulsión de macho para meterse en bullas y peleas. Es un despilfarro de talento, y a veces hasta un insulto a nuestra inteligencia colectiva. Pero Puerto Rico tiene lo que Puerto Rico se merece.
Tomemos, por ejemplo, un mensaje del gobernador ante las cámaras legislativas, o una presentación del presupuesto general. De cualquier gobernador, de cualquier partido, en cualquier año. El mensaje es preparado cuidadosamente de antemano, pero las ripostas también. Es como si, al igual que "clip art", tuvieran en alguna computadora, "clip insultos" o "clip clichés", y entonces hicieran un ejercicio rápido de "cut and paste" tan pronto vieran un micrófono, una grabadora, un reportero, o una cámara de televisión. Para los que respaldan al gobernador, los que sonríen, el mensaje fue "magistral", "bien pensado", "claro", "abarcador", "brillante", "visionario", "responsable", "con gran madurez", y "con sentido de misión hacia el futuro". Para los detractores del gobernador, los de las caras de cartón, el mensaje siempre es "hueco", "falto de imaginación", "incompleto", "superficial", "irresponsable", "sin pensar mucho", "proselitista", "maltrecho" y "partidista". ¿Y qué hay de nuevo en eso?
Si el mundo fuera perfecto, los que respaldan al gobernador inmediatamente aprobarían e implantarían su programa, y los detractores del gobernador inmediatamente corregirían las faltas percibidas, mejorarían el programa, y lo endosarían del todo. Pero eso sería soñar, aunque puede que haya esperanzas.
¿Que tal si se hiciera un clon de Antonia Coello de Novello, Ileana Colón Carlo y Carlos Ignacio Pesquera y el electorado tuviera que escoger de un menú de gente de esa categoría en las próximas elecciones? Hay tanto mérito en cada uno de ellos que el electorado tendría que escoger entre los atributos de cada cual en lugar de entre los chismes que se le rebusquen a cada cual. En esa campaña se blandirían resumés en lugar de pecadillos.
Quizás sea mucho pedir. El electorado se confundiría con una campaña de altura y, si no hay insultos ni dimes y diretes, el nivel de entusiasmo no les subiría lo suficiente como para llevarlos a las urnas. Yo recuerdo una campaña donde a un candidato respetable y de noble entereza se le destruyó acusándolo de bolitero e identificándolo con el 315. Esa fue una "gran" campaña. Ese es el tipo te politiquería de los "clip insults". Y lamentablemente hay que admitir que ese es el tipo de campaña que la gente espera. Después de todo, ¿cuál ha sido el consejo en común que se le ha dado a Novello, Colón Carlo y Pesquera? Que se tienen que ensuciar, que se preparen para embarrarse y que tienen que desarrollar piel de cocodrilo. Si usted no sabe para qué es la piel de cocodrilo en una campaña política, es para que le "resbalen" los insultos.
Si la próxima campaña estuviera basada sólo en las virtudes de los candidatos, no sería divertida. Las campañas en Puerto Rico tienen que ser divertidas. Tan divertidas como las peleas de gallos. Después de todo, la politiquería es nuestro deporte nacional.
Ah, sí. Nuestras campañas también tienen que costar mucho dinero. Millones. Una campaña para la primaria para elegir el candidato a alcalde de San Juan, de entre un mismo partido, costaría como poco dos millones de dólares. Dos millones para confrontar a un compañero de partido. Cuando se confronta al adversario del partido contrario, la campaña cuesta tres o cuatro veces más. Recuerde que uno de los truquitos de campaña es copar comprar todo el tiempo de televisión disponible para que su contrincante no tenga oportunidad de anunciarse en "prime time". Y esto hay que hacerlo con meses de anticipación. En los periódicos es distinto, ya que siempre el periódico puede publicar más páginas. Pero las tele-emisoras no le pueden meter más minutos a una hora de "prime time". ¿Y quién va a comprar espacio después de medianoche?
Qué ironías. Queremos elegir a los candidatos más probos y que sirvan a Puerto Rico con mayor altura y respeto. Sin embargo, en la campaña les requerimos que demuestren sus dotes de peleones, busca bullas y botaratas. Si eso es lo que como electores les exigimos, quizás no nos debamos quejar de lo que ponemos allá arriba.