Los años no se pueden detener ni revivir… sólo recordar
Columna publicada el domingo 17 de enero de 1999 en El San Juan Star

Cuando a los Estados Unidos les da catarro, nosotros cogemos pulmonía. La cuestión ambiental está elevada a cumbres tan borrascosas que hoy todo tiene la coletilla 'ambiental' o 'ecología'. En currículos universitarios, lo que era antes Economía Doméstica hoy es Ecología Doméstica. Lo que antes era Ingeniería Sanitaria hoy es Ingeniería Ambiental. Lo que antes era Recogido de Basura hoy se llama Saneamiento Ambiental. Había hasta un anuncio de televisión mercadeando un producto para las 'superficies ambientales', si alguien sabe lo que es eso.

El mito ambiental más famoso de los Estados Unidos fue Love Canal, figmento de la imaginación del reportero Michael Brown del Niagara Gazzette, allá para el 1976. El resultado de ese mito fue la legislación de Superfund, mejor conocida como Comprehensive Environmental Response, Compensation and Liability Act, CERCLA, también conocida como Comprehensive Employment for Regulators, Consultants and Lawyers Act. En Superfund hay billetes. Tanto como para poder reubicar familias que se encuentren en predios supercontaminados, pagándoles el costo de la casa y todo lo demás.

Aquí, donde a veces nos resulta conveniente aprovecharse de las leyes americanas aunque eso sea antipatriótico, se invocó CERCLA para Ciudad Cristiana, Humacao, Puerto Rico. Todavía me maravilla la astucia y la imaginación de los que se inventaron ese revuelo ambiental para ventajería política. Todavía se hace, pero no tan genialmente.

Resulta que los primeros residentes de Ciudad Cristiana compraron sus viviendas bajo el respaldo de la Ley #10, la cual les otorgaba un subsidio para pagar la hipoteca. Sin embargo, la Ley #10 tenía principio y fin. El subsidio hipotecario habría de terminar el 31 de diciembre de 1984. El Ochenta y Cuatro había sido año de elecciones y hubo un cambio de gobierno. Una nueva administración entraría en funciones en enero de 1985 con la triste encomienda de tener que suspender un subsidio hipotecario o, peor aun, teniendo que desahuciar los residentes de Ciudad Cristiana por incumplimiento de pago. Pero entonces vino la genial inspiración ambiental: CERCLA.

Era conocido que Quebrada Frontera, que discurría cerca de Ciudad Cristiana, estaba contaminada con mercurio y era posible candidata a designación Superfund. Si se pudiera amarrar Quebrada Frontera a Ciudad Cristiana, se podría levantar el fantasma del mercurio, aprovechar dineros del Superfund para adquirir nuevas viviendas, realojar en lugar de desahuciar a los residentes, y la nueva administración sería héroe en vez de villano.

Bajo una carpa de circo, los nuevos funcionarios gubernamentales declararon a Ciudad Cristiana severamente contaminada y anunciaron a los cuatro vientos que los residentes tendrían que ser realojados en nuevos hogares en otro lugar. Acudió el nuevo gobernador, el nuevo presidente del Senado y el nuevo presidente de la Junta de Calidad Ambiental. Lo único era que tendrían que ir a corte a probar su caso. Un número de residentes posaron como víctimas de intoxicación por mercurio. "Científicos" ambientalistas escribieron parte del libreto. Sólo que el mercurio de marras se supone que estuviera en el suelo, y que los residentes intoxicados con mercurio hubieran tenido que ingerir toneladas de tierra para intoxicarse.

El Departamento de Salud tomó muestras. La Junta de Calidad Ambiental tomó muestras. El Recinto de Ciencias Médicas tomó muestras. La Agencia Federal de Protección Ambiental tomó muestras. Durante el juicio, se le pidió al nuevo Secretario de Salud en la silla de los testigos que examinara los records médicos de los pacientes intoxicados y que dijera cuáles síntomas eran indicio de intoxicación por mercurio. "Ninguno", aseveró, después de examinar los records uno a uno. El mito ambiental de Ciudad Cristiana le costó al contribuyente de Puerto Rico más de $23 millones.

El 10 de agosto de 1996, El Nuevo Día anunció el éxito de Queen Developers en haber revendido a Ciudad Cristiana. Sólo quedaban veinte unidades disponibles. Ciento cincuenta familias ya estaban disfrutando de sus nuevas viviendas en el predio Superfund. El Federal Home Loan Bank estaba ofreciendo financiamiento.

El 12 de enero de 1999, el San Juan Star anunciaba en primera plana que la EPA estaba eliminando a Ciudad Cristiana de la lista de predios supercontaminados. Por otro lado, el Star corrió un parte noticioso el 14 de enero de 1999, indicando que la EPA había añadido unos cien predios a su lista de candidatos Superfund, para un gran total de 269 predios para la isla. Esto le concede a Puerto Rico la dudosa reputación de tener un predio candidato a Superfund para cada 13 millas cuadradas de la Isla del Encanto. Wow! Y todavía no hemos aprobado ni certificado una instalación de manejo de desperdicios tóxicos en Puerto Rico. Hace catorce años yo propuse una en Barrio Marueño, Ponce. En una vista administrativa en la Junta de Planificación el 8 de febrero de 1988, ambientalistas opositores al proyecto me entregaron una nota amenazante. El 15 de febrero de 1988, exactamente una semana después, ardía mi casa en Boquerón. Perdí mi hogar, mi biblioteca, my laboratorio, mi Oldsmobile, mi taller, mis colecciones y todo mi equipo. Muchachitos buenos esos.

¡No en balde nos preocupa tanto el status! Nuestro más famoso predio Superfund no lo es, mientras que los otros 269 predios quizás lo sean. Un predio Superfund para cada 13 millas cuadradas nos da a tres predios y medio por municipio. ¡Y todavía no tenemos donde manejar nuestros desperdicios peligrosos! Wow! Además de ser los principales exportadores de Viagra, también somos principales exportadores de desperdicios peligrosos. Después de todo, si ese desperdicio no se maneja aquí, en algún lugar tiene que manejarse. Debe ser que somos ambientalmente Superdotados.

Quizás la carpa de circo deba cubrir a todo Puerto Rico.

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Dr. Máximo Cerame-Vivas
mjcerame@mjcv.com
Updated: 9/30/2002